Carta a la mamá de mis hijastros

Ya casi son 3 años de mi relación con mi marido. Tres años en los cuales, desde el día en que lo conocí, supe de la existencia de 3 pequeñitos que venian incluidos en el paquete “el amor de mi vida”.

Desde el principio supe que esos 3 niños serían parte esencial de mi vida. Wow…

Yo no tengo hijos. Tener una relacion de por sí tiene sus complicaciones y de pronto me vi envuelta en tomar la decisión de unir mi vida, no sólo al papá, sino a 3 adolescentes que aun un año después de relación, yo no conocía.

A los pocos meses te conocí aunque fuera por telefono. Nos llevamos bien. Compartí cosas contigo muy personales, me inspirabas mucha confianza.

Después de año y medio, quise hacerle el mejor regalo del mundo a su papá: ver de nuevo a sus tres hijos. Todo se alineó para yo también pudiera acompañarlo y conocer a esas personitas que tanto lo inspiraban y a las que tanto extrañaba.

Venimos por dos semanas. Fueron casi 16 horas entre vuelo, carretera, taxis, maletas… Dieciséis horas donde él ya lucía desesperado, ansioso, no sabía si estar feliz o de malas porque no terminábamos de llegar.

Al fin pude ver una de las escenas mas conmovedoras que he visto en mi vida y fue la de tu segundo hijo gritándole a su papá de lejos y corriendo hacia él para abrazarlo. Lloró tanto de la emoción de por fin ver a su papá y en ese instante supe lo importante que es ese lazo padre – hijo.

Por fin llegó el día de conocerte. No fue lo que yo esperaba. Pensé nos llevaríamos bien, como esas típicas historias donde toda la familia se lleva perfecto y la convivencia era increíblemente especial.  No fue así. Me queda claro que ustedes dos tenían muchos problemas que resolver y que yo simplemente estaba en medio de algo que, aunque me importara que se resolviera, yo no debía ser participe de ello. Tu rabia te llevó a contarle muchas cosas que yo había platicado contigo por haberte pensado mi confidente.

Tengo la impresión de que nunca llegaste a creer que él se casaría de nuevo, de que adquiriera un nuevo compromiso. Sé es difícil, créeme. Sobretodo porque tus hijos tendrían que convivir con otra nueva relacion de tu exmarido y esa incertidumbre de realmente no saber con quien van a estar conviviendo tus hijos llena de nervios a cualquiera.

Ha decir verdad, yo moría de miedo de pensar en como iba a ser esta nueva familia compuesta. La nueva era yo pero ahora en un lugar relativamente neutral. Los niños ya no son niños, son adolescentes y yo hace años no trato con nadie de esas edades. Estaba aterrada.

Pero el Universo es maravilloso, todo se alineó y puedo decir con mucha alegría y orgullo que los tres me han aceptado hasta ahora. Nada ha sido forzado, todo natural. Puedo presumir que uno de ellos es mi nuevo mejor amigo.

Mi marido me comentó hace un mes que estabas muy molesta por algo que escribí en una foto sobre los niños: “muy orgullosa de mi niño”.  Esto me daba muchas respuestas a muchos comentarios y actitudes tuyas para conmigo. Me comenzaste a ignorar, nunca preguntaste mi opinion sobre convivencia y seguiste actuando como si siguieras viviendo con mi marido.

Hace poco se dio la oportunidad de poderte aclarar la situación, que decir “mis niños” no se trataba de “mis hijos”. No son mis hijos. Jamás los he visto como tales. No trato ni trataré nunca de robarte el titulo de “mamá”. No tendría por qué hacerlo. Yo quiero tener a mis propios hijos, no intento ni sé cómo ser madre de quienes no son míos. Los quiero como lo que son, mi familia, pero no son mis hijos. No quiero que tengas eso en mente porque no va por ahí. Pero si quiero que sepas que el día que ellos necesiten mi apoyo, estaré si ellos mismos me lo piden, como esposa de su papá, madrastra (aún me suena rara la palabra) y sobretodo, como amiga y en alguien en quien pueden confiar. Es solo eso.

Si hay algo que quiero es que ellos esten bien, independientemente de su papá. Ellos me han enseñado muchas cosas, me han abierto mucho el panorama de convivencia, me han mostrado y recordado situaciones que yo misma viví con mis papás y que no me había dado cuenta. Además de que, no tengo que decírtelo porque esto tú ya lo sabes, son niños increíblemente excepcionales, hermosos, cariñosos. Solo quiero para ellos su bien. Son fáciles de querer.

Sólo te pido que no te dejes llevar por razones inexistentes, respeto quien eres, y sobretodo, te pido e imploro, que no me prives de ese lindo cariño que se ha dado con ellos. Independientemente de nuestras relaciones de adultos, la relación con ellos no debe nunca de entrelazarse con los demás problemas. Yo estoy aquí para apoyarlos, no para mandarlos, para quererlos, no para apartarlos, para convivir con ellos, no para dejarlos de lado. Todo esto suma, no resta.

Sólo espero que con el tiempo me veas como una aliada, no como alguien que intenta quitarte algo. Tal vez nunca seamos amigas, pero eso no significa que no veamos juntas por el bien común de quien esta a nuestro alrededor. Es lo único que te pido.

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Quieres un cambio? Comienza por ser agradecido.


Me gusta pensar que en la vida todo es un ciclo. Así como hay tiempos de absoluta felicidad, también existen esas “rachas” que muchas veces no les ves fin. 

Cuando sientes que no te puede ir peor, te llueve sobre mojado. Lo tomamos como una prueba que nos da la vida para darnos cuenta si somos merecedores de un premio por venir, esperanos una recompensa que mitigue los sacrificios que estamos haciendo y sobretodo, sintiendo. 

De hecho, en el catolisismo se habla mucho del sufrimiento y del sacrificio como caminos y procesos para poder ser feliz.

Yo no soy religiosa, aviso. Hasta el momento no comparto ninguna afinidad con ninguna religión, tal vez con el budismo pero me siento aún verde en el tema. Más que definirme como una creyente de “X” religión, me siento más cómoda (y coherente) expresando que soy una persona espiritual. 

Las palabras “castigo”, “recomepensa”, “sacrificio”, “sufrimiento”, no son parte del vocabulario que quiero que rija mi existencia y supongo que tú estarás de acuerdo.

Tampoco soy una especie de pastor, de líder, ni mucho menos de un líder de opinión. Sin embargo, yo pasé por lo mismo que tú, de caer una y otra vez. De pensar de qué sirve aguantar tanto si no se ve que algo bueno salga de tanto problema. Por lo mismo, quiero compartirte algo que a mí me ha funcionado y que ha sido visible para que cosas positivas comiencen a suceder. 

Primero, necesitamos:

1. Un cuaderno de pasta roja (sí, roja, no rosa, no naranja, no blanco, roja).

2. Una pluma roja.

Recuerdas cuando eras pequeño y solías escribir tu diario de todo lo que te pasaba cada noche? O seguramente sabías de alguien que lo hacía rigurosamente todos los días. Pues ahora haremos lo mismo con 3 condiciones:

a) Todos los días, usando la pluma roja, escribirás al menos 3 cosas por la que estés agradecido en ese día. Sé específico.

b) Siempre comoenza tus oraciones con “Yo Soy” o “Yo Estoy”.

c) Jamás de los jamases te quejes ni muestres ningún sentimiento negativo en este cuaderno. Todo debe ser positivo, por más mínimo que sea.

Te daré algunos ejemplos:

– Yo estoy agradecida por haber visto a mis amigos, tíos, etc, que hacía mucho tiempo no veía y me hizo sentir muy querida.

– Yo soy feliz por haber compartido la noticia de que próximamente seré tía.

– Yo soy feliz por haber logrado que me aceptaran en la mestría. 

– Yo estoy muy agradecida con mi equipo de trabajo de la oficina por los resultados que se han logrado. 

Si deseas describir tu sentimiento positivo y extenderte escribiéndolo, mucho mejor. Escribe diario, es más, ponle fecha a cada cosa que escribes. Conviértelo en un hábito. Mientras más agradezcas, hasta la más mínima cosa que haya pasado en tu vida, más resultados podrás experimentar. No tendrás que esperar más de dos semanas para que comiencen a suceder cosas buenas en tu vida. Desde gente que te expresará sentimientos positivos, hasta oportunidades que se abrirán frente a ti en todos los ámbitos de tu vida. 

Es cuestión de no irte a dormir con lo negativo del día sino de cambiar de chip y no sólo pensar en pedir, pedri y pedir. No tenemos que pedir nada. La vida lo que nos presenta es lo que necesitamos, no lo que queremos o creemos necesitar.


La palabra “gracias” es tan poderosa que si aprendemos a usarla y sentirla en nuestro día a día, te dará muchas sorpresas regalándote experiencias que jamás pensaste llegarían a tu vida. 

Todo se manifestará.
NAMASTÉ.